Estoy aquí para ti

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A finales del año 2011, quise tomar clases de improvisación teatral porque quería mejorar la manera en la que me enfrentaba al público cuando dictaba mis talleres. Saber cómo reaccionar a los estímulos del entorno es lo que cualquier improvisador (musical o teatral) se supone que sabe hacer. Además, su capacidad creativa para contar historias, podía aportar a crear las mías. Quería aprender la técnica del «estoy aquí para ti».

De la mano del actor colombiano Bernardo García Gutiérrez, tuve mi primer encuentro real con la improvisación en vivo en un evento que se llamó EL CLUB DEL TROPEL, en donde practicaban una modalidad de improvisación teatral llamada CATCH. Esta consiste en enfrentar a dos parejas de actores en el escenario como si se tratara de un evento pugilístico, con la diferencia de que esta no es una pelea a golpes, sino una pelea por contar -entre los 4- la mejor historia. Luego, no pueden ser rivales como lo sugiere el boxeo, sino colegas solidarios. Primera enseñanza que me dejaba la impro más allá de la capacidad de reaccionar a los estímulos externos. 

No se puede jugar improvisación si no se está dispuesto a: por un lado, escuchar muy bien todo lo que está sucediendo y, por el otro, construir solidariamente la historia. Tanta solidaridad se necesita que dentro de otro género de este arte, llamado MATCH, se prohibe –y por lo tanto se castiga– bloquear al colega en el escenario. Bloquear en este contexto significa no aceptar la propuesta escénica que uno de los actores hace, e imponer la propia con la intención de ganar protagonismo individual.  En el MATCH se enfrentan dos equipos como si se tratara de un equipo de fútbol, pero se reemplaza el deporte por el juego de improvisación. Hay también un árbitro. En cualquiera de los dos juegos, lo que premia el público es la historia. Acá aparece la segunda enseñanza: No se trata de quien lo hace mejor.  Se trata de contar la mejor historia entre todos. 

Fascinado con lo que sucedía en el escenario, me di cuenta que las dos cosas que quería aprender de la improvisación solo eran la punta del iceberg y que había mucho más por aprender de esas técnicas. Sobre todo porque pensé que toda esta metodología tendría cabida en el mundo corporativo, para enseñarle a sus miembros a escuchar, comunicar, improvisar y adaptarse a los continuos cambios del entorno. 

Profundizando sobre el tema me encontré con una historia que terminó de ayudar a que mi cabeza explotara por lo poderoso del género para ayudarnos a ser una mejor humanidad. 

Sin tener muy presente la fecha, se jugaba un campeonato mundial  de Match de improvisación. Dos equipos europeos estaban en la final. Bélgica y Holanda* Ganaría el equipo que cerrara la historia dentro del tiempo dado por el árbitro.  Se jugaba la última escena y quedaban muy pocos segundos para terminar el match. En esta, suena un teléfono (como parte de la historia). El equipo que contestara primero la llamada, era el candidato a ganar el torneo por la oportunidad de oro que tenía de darle el cierre a la escena. El tiempo transcurría como en cámara lenta, y además cada cuadro sucedía como en slow motion. Uno de los dos alcanza primero el teléfono. Toma la bocina y contesta: 

«¿Aló?»

 

Cuando ya el público se disponía a escuchar el cierre ganador, escucha de parte de ese mismo actor: 

 

«Es para ti»

 

Y simultáneamente ve como le pasaba el teléfono a su contrincante para que fuera este quien cerrara la historia. 

 

¡Wow! Nunca vi tal acto de solidaridad en función de crear la historia colectivamente: despojarse del «premio», solo para que su colega pudiera hacer el cierre.

Esa historia me llevó a mi tercer aprendizaje: la actitud del jugador de improvisación es y será siempre un constante : estoy aquí para ti. Porque en la impro lo importante no es como cuento YO la historia, sino cómo hago para que a los otros jugadores les vaya bien con ella.

 

*Los nombres de los países son tomados al azar.

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