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No hay peor sordo que el que no quiere escuchar.

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5 conductas que nos impiden escuchar bien

“Lo contrario a hablar no es escuchar. Lo contrario a hablar es esperar”.

Fran Lebowitz

Escuchar va mucho más allá de prestar atención a lo que se oye. Implica tener en cuenta al otro, sus emociones, su entorno y tomarse el tiempo adecuado para responder (aunque el silencio también sea una respuesta)

¿Cree que sabe escuchar? ¡piénselo dos veces!

Escuchar es obtener la máxima información posible antes de decidir cómo emocionarse para actuar en consecuencia.

La mayoría de personas en el mundo cree que sabe escuchar. Pero el mundo está lleno de gente “sorda”, y no me refiero a la sordera como discapacidad fisiológica –como la que sufrió Beethoven–, sino a esas personas que creen saberlo todo y ponen su ego por encima de los demás. Como dicta el refrán: No hay peor sordo que el que no quiere oír«.

Escuchar es un acto consciente que abarca los cinco sentidos y es netamente voluntario. Requiere práctica y esfuerzo para lograr los resultados esperados.

Cuando nos comunicamos, empleamos un 10% del tiempo escribiendo, un 15% leyendo, un 30% hablando y un 45% escuchando, según un estudio citado en el libro Aprender a escuchar, de Rodrigo Ortiz Crespo. Escuchar es entonces la actividad a la que más tiempo dedicamos, pero no necesariamente la que mejor realizamos.

Escuchar da poder y permite ser más efectivo en todos los aspectos de la vida. ¿Quiere escuchar mejor? Bájele a la sordera y evite los siguientes 5 comportamientos:

Guiarse por el “Yo creí que” (los “expertos” le llaman presuposición)

Una escucha efectiva es aquella que toma en cuenta todos los elementos recibidos para llegar a una conclusión lo más objetiva posible y sin dejarse llevar por la información que ya se tiene predefinida.

Se estima que la exactitud de las personas en la interpretación de significados al momento de comunicarse está entre el 25 y 50 por ciento, según un estudio citado por Jacob Andrews en “Habilidades de conversación: Construir relaciones exitosas sin esfuerzo”. Por eso es necesario eliminar ideas o prejuicios que puedan viciar la opinión de la persona que nos habla o de su mensaje. Solo así podremos ceñirnos al contenido de la información que estamos recibiendo.

Hay quienes sienten pena al preguntar demasiado. Pero es preferible despejar cualquier duda y no guiarse por el típico “Yo creí que…”, que tanto se presta para malos entendidos.

Personalmente, cada que me encuentro con alguien –independiente del número de veces al año con la que me hable con esa persona–, llego a la conversación limpiando los filtros que tengo con respecto a ella. Eso me permite escuchar en estado de flujo y, sobretodo, sorprenderme con lo que me dice.

Blah, blah, blah: buscar sólo escuchar lo que usted quiere oír.

El ego nos lleva a abarcar la conversación, a interrumpir constantemente y querer ser siempre el único tema de discusión. Pero, si realmente quiere sentir que le escuchan, hable menos y concéntrese en el aporte de la contraparte. Eso le ayuda a construir en equipo y mejorar sus relaciones. Mejor dicho, abandone el blah blah blah y escuche.

“Escuchar es obtener la máxima información posible para decidir cómo emocionarse y actuar en consecuencia.”

Creer que ya sabemos

Cuando escucha para tener la razón o para contradecir al otro (porque cree tener la razón), no está haciendo una escucha funcional. Esto se debe a que no tiene la intención de construir, sino de imponer el propio ego. Aquí también aplica para cuando no se presta atención al otro por estar pensando en cómo va a responder.

Salvador Carrión, experto en temas de Programación Neurolingüística, considera que todo nuestro problema de comunicación se basa en esta premisa: Creer que ya sabemos.

¡Ojo! Las demás personas no son robots (aunque algunas lo parezcan).

Anteriormente hablé de intentar ser objetivos al momento de escuchar. Pero somos humanos, y las emociones no pueden dejarse a un lado. Por eso, escuchar implica también vivir la realidad del otro a partir de sus propios filtros, sin juzgar y teniendo en cuenta sus sentimientos. Se trata de respetar a quien se comunica con usted, sin importar el nivel de status de cada una de las partes.

Poner cara de que entendió cuando aún no ha entendido.

¿Quiere saber si lo están escuchando? Una buena señal es si le hacen preguntas. Esto es un indicador de que su interlocutor está haciendo una escucha funcional (así no le esté entendiendo nada). Un simple parafraseo para confirmar que se entendió lo explicado es más que suficiente.

Ahora, como sugerencia final, si su contraparte asiente constantemente sin pronunciar palabra, ¡dude! Es posible que tenga la mente en cualquier cosa menos en lo que usted le está diciendo. Y si eso pasa, su historia no está siendo interesante y eso ya es tema para otro artículo.

Si quiere aprender a escuchar mejor, los músicos son una buena fuente de técnicas al respecto. Sobretodo cuando están en el escenario.

Ricardo Gómez Garzón

Musiconomista

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Empoderar es enseñar venga le cuento una historia, taller de musiconomia